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Vivir escondiéndonos de Dios – E.Carnero

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16

El gran engaño de la modernidad es haber creado la imagen de un Dios justiciero y vengativo. Inclusive muchos que se denominan cristianos, viven amedrentados su fe, bajo la sombra amenazadora del castigo de Dios, si no cumplen al 100% con las normas morales de Dios. Es como si el Dios de la Biblia, al igual que los dioses de los panteones griego o romano, estuviese fomentando el oscurantismo del temor al castigo.

Esta falsa imagen de Dios, hace que la única solución que muchas veces asoma, es vivir escondiéndonos de Dios, escondidos de su mirada que a la luz de este engaño, no trae paz, sino una severa amenaza de castigo. Es la reacción de Adán y Eva tras su desobediencia en Edén (Gn 3.9-10), escondidos de Dios, avergonzados. Es la misma reacción que ante Dios sigue dándose en muchas de nuestras vidas. Una reacción de personas que desconocen el verdadero carácter del Dios Creador.

Triste es que este engaño continúe pululando en las mentes en el día de hoy. Inclusive entre los defensores de la “espiritualidad”, se enfatiza más el juicio amenazante que el amor mostrado y demostrado (Romanos 5.8).
Pero qué hermoso es cuando el ser humano ante Dios, al igual que el soneto anónimo del misticismo, puede exclamar:

“No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte…”

El amor de Dios por cada uno de nosotros, es un amor que se entrega, que asume el costo de la renuncia y la entrega. Da el primer paso, aun a pesar de la rebeldía humana. La cruz de Cristo es la manifestación del corazón amante de Dios hacia el pecador. Un amor que le hace tomar la iniciativa y se acerca a aquellos que estamos escondidos.

En nuestras vidas hay necesidades, temores y vergüenza que nos atemoriza. En la mirada de Dios hay amor, ternura y perdón para cada uno de nosotros. ¿Dónde surge el engaño? En tratar de mirar a Dios a través de nuestros ojos dañados.

En Cristo Dios se revela, se identifica con nuestras necesidades, elimina las dudas, se acerca a nuestro mundo. Se hace hombre para abonar el precio de nuestras deudas, se hace pobre para que sea enriquecido espiritualmente. Simplemente una condición para recibir todas sus riquezas en mi vida: CREER… ¡Qué fácil! ¡Qué difícil!.

Fácil porque no tengo nada que hacer. Difícil porque no tengo nada que ofrecer, ni mérito que argumentar.
Es solo amor, gracia, regalo de Dios. Es el Dios de amor, no de castigo. Porque Dios anhela la vida para cada uno de nosotros.

Oración: Señor, ayúdame a no creer los engaños, y conocerte tal y como eres. Ayúdame a no esconderme de ti por mis maldades y rebeldía, sino a experimentar tu amor y perdón constante.

Autor: Eduardo Carnero, pastor de la iglesia evangélica de Villagarcia de Arousa.

Recomendación de lectura: Gene Edwards por su forma de acercar el texto bíblico en forma novelada y que abre la mente a realidades culturales, que impactan de forma sencilla la vida.

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