Blog MiTiendaEvangelica.com

La excusa de un mal día

Abigaíl: la excusa de un mal día. Un puñado de cerillas sin usar en pie con una cerilla quemada en medio.

“No me hables, que menudo día llevo hoy…” Seguramente has escuchado esta frase más de una vez. Tal vez de una compañera de trabajo cuando buscabas su ayuda para cerrar el último informe. O quizá de tu pareja, al tratar de esclarecer un pequeño desajuste en las cuentas familiares. Quién sabe, es posible que tú mismo la hayas pronunciado hace no muchos días. Y es que todos podemos tener de vez en cuando un mal día, y en esos días, es mejor que nos den un poco de margen. Pero ¡cuidado!, cuando las circunstancias son adversas, solemos encontrar en ellas la excusa perfecta para justificar nuestras quejas, malas actitudes y enfados, a los que damos rienda suelta como si estuviéramos en todo nuestro derecho.

Un modelo en la adversidad

Puede que hayas leído sobre Abigaíl. Abigaíl fue una mujer impresionante, a pesar de que estaba casada con un hombre insolente y soberbio. Leyendo el tipo de costumbres que tenía su marido, me imagino que las circunstancias diarias de Abigaíl la llevarían a tener más de un día de perros. Y sin embargo, después de leer su historia en 1º Samuel 25, me cuesta mucho imaginar a Abigaíl diciendo eso de:  “No me hables, que menudo día llevo hoy”.

Personalmente, creo que podría justificar que Abigaíl se hubiera aferrado a la dificultad de su situación para convertirse en una mujer quejica y amargada. “Es normal —hubiera pensado— con todo lo que tiene encima la pobre”. Sin embargo, al leer su historia en la que se nos narra poco más que un día concreto en su vida, vemos a una mujer dispuesta, con energía para solucionar problemas, con talante y sabiduría. No era precisamente un buen día. Podría haberse quedado en casa tirada en el sofá comiendo helado de chocolate (o lo que quiera que hicieran las mujeres deprimidas en aquellos días), y sin embargo, sin perder un minuto se puso en marcha. Sin muestras de enfado, sin reproches, sin quejas. La adversidad fue para ella un escenario donde mostrar su sabiduría, su bien hacer, su respeto hacia otros.

Esto me recuerda un versículo en Romanos 12:21:

“No permitamos que nos venza el mal. Es mejor vencer al mal con el bien”.

Creo que esto es exactamente lo que hizo Abigaíl. Que sea Abigaíl para nosotros un modelo a seguir en medio de la adversidad.

— Devocional escrito por Débora Rodrigo, autora de Bajo esta lluvia y Ellas.

Salir de la versión móvil