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¿Cómo reaccionamos ante el sufrimiento de otras personas?

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«Yo opté por la sanidad publica, quise ser un paciente más. Quise pasar desapercibido y no decía nunca que era médico en la primera visita porque no quería ningún tipo de condicionante con mis compañeros. Sentí la masificación, la lista de espera, el poco tiempo que te dedican, la apatía de la gente con la que tienes las consultas. Te haces más sensible y te das cuenta de que quizás tú has dado lo mismo que ahora no te está gustando recibir. La trayectoria fue una cura de humildad.»

Estas son palabras de José Luis Paulín, un traumatólogo que sufrió cáncer de próstata y pasó todo el proceso en el sistema sanitario público español. Comparte su experiencia en el libro El médico enfermo. El latido al otro lado del fonendo (Ediciones Atlantis) Puedes leer su entrevista en El País.

En esta entrevista también comenta: «Eché de menos que me tocasen y me mirasen a la cara».

Estas palabras me recordaron la necesidad que tenemos todos cuando padecemos una enfermedad. Somos especialmente frágiles y necesitamos que haya una interacción tan básica como una mirada o una caricia.

Jesús hizo mucho más que lo básico cuando se le acercó un leproso: «Y vino a El un leproso rogándole, y arrodillándose le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, lo tocó, y le dijo: Quiero; sé limpio. 42 Y al instante la lepra lo dejó y quedó limpio.» (Marcos 1:40-42)

Jesús sanó al leproso. Pero lo hizo movido a compasión e incluso le tocó.

¿Cómo tratamos nosotros a las personas que sufren?

Leía en el libro ¿Dónde está Dios cuando duele? «Una y otra vez, las personas que sufren, en especial mis amigos de Make Today Count (un grupo terapéutico de personas que se están muriendo) han acentuado cuánto significa para las personas que sufren cuando las personas sanas están a su disposición. No son nuestras palabras ni nuestras reflexiones lo que más quieren de nosotros. Es nuestra mera presencia.»

O también del mismo libro: «Las personas heridas que han sido quebrantadas por el sufrimiento y la enfermedad piden solo una cosa: un corazón que ame y se comprometa a ellos, un corazón lleno de esperanza por ellos» Jean Vanier.

Jesús escuchó al leproso y tuvo compasión de él.

No sabemos si Dios sanará a las personas que amamos y están sufriendo. Pero, como dice Philip Yancey en su libro «En momentos de sufrimiento o dolor extremo, muy a menudo el amor de Dios se percibe mejor a través de personas comunes como tú y yo. De esa forma, podemos funcionar como el cuerpo de Cristo.»

Gracias por tu ejemplo Jesús. Gracias porque tuviste compasión de las personas desesperadas que se acercaron a ti y las trataste con una ternura incomparable. Gracias Señor porque tuviste compasión de nosotros cuando vinimos a ti arrepentidos y sigues compadeciéndote cada día aún sabiendo nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Ayúdanos y enséñanos a mostrar tu amor a los que sufren, cambia nuestro corazón para que sepamos transmitir la compasión que hemos recibido de ti.

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