«Así dijo Jehová : No se alabe el sabio en su sabiduría… mas alábese en esto: en entenderme y conocerme.» Jeremías 9:23-24
«No es nada saber mucho, si no conoces a Dios. Puedes leer mil libros, dominar idiomas antiguos, entender sistemas filosóficos… y sin embargo, si no conoces al Señor, eres ignorante del asunto más importante del alma.»
Conocer a Dios no es saber sobre Él solamente, sino caminar con Él, hablar con Él, descansar en Él. «Es un conocimiento íntimo, personal, como el de un hijo que conoce a su padre.»
¿Qué gloria hay en la sabiduría que no conduce a la cruz?
¿Qué poder vale si no te hace inclinarte ante el Todopodero-so? ¿Qué riqueza sirve si no te hace más pobre de espíritu ante el Creador? «Quien conoce a Dios no busca su gloria, sino la de Aquel que le llamó de las tinieblas a su luz admirable.»
Cristo vino para que conociéramos al Padre. El Espíritu nos guía a toda verdad. Y esa verdad es Cristo mismo, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. «Cuando conoces a Dios, no puedes dejar de amarlo. Y cuanto más le conoces, más le deseas.»
Este es el tesoro de los santos: conocer a su Dios y deleitarse en Él por siempre.
Oración: Señor, que mi gloria esté en conocerte a ti, y en amarte más cada día, pues fuera de ti nada trene valor eterno. Amén.
