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Practicar lo que sabemos de Dios | Paco Lobato

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos” Proverbios 3:1

Hoy existen en farmacias y establecimientos de dietética, numerosos productos y sustancias recomendados para mejorar la capacidad de la memoria, como la papaverina (extracto de amapola) o complementos vitamínicos B6, B12, B9 (ácido fólico), etc. Nunca he probado ninguno de ellos, o al menos ¡no lo recuerdo…! (¡vaya memoria!) aunque, a medida que pasan los años me planteo tener que hacerlo, porque parece que con la edad el inexorable problema de la frágil retentiva, va en aumento…

¡Qué bueno sería también poder encontrar algunos remedios para la mala memoria… en relación con la Palabra de Dios! ¡Nos resultaría sumamente útil en el día a día, no cabe duda! Pero aunque no se hallare la panacea que solucione esta clase de olvido tan común y recurrente, al menos puedo ofrecer una sugerencia que creo altamente eficaz: la práctica.

Así como la memoria mejora cuando se ejercita, aunque solo sea con la simple lectura, de igual manera la práctica continuada de la Palabra de Dios es la mejor forma de mantenerla siempre presente, pues, como por todos es sabido, cuando algo se usa habitualmente, no se olvida fácilmente.

El sabio consejo dado aquí por Salomón (Prov.3:1) ha de ser patrón de conducta en la vida, pues viene de parte del amoroso Dios, quien quiere lo mejor para Sus hijos y sabe que, para alcanzar el propósito y la completa satisfacción, resulta indispensable la obediencia a Su Palabra, ya que sin obediencia no hay plenitud de existencia.

El capítulo 3 de Proverbios es una exhortación a confiar en Dios, a vivir en obediencia a Él como manifestación de sabiduría genuina. Es una invitación generosa a tener presentes sus mandamientos, guardarlos en el corazón y practicarlos. Por supuesto, Dios NO obliga a nadie a hacerlo, Él no es un tirano o un déspota que exige sumisión forzosa, ciega e irracional, al contrario, nos anima a obedecerle por amor. Así, en este contexto, menciona como principios generales, algunas de las numerosas bendiciones que son resultado de la sincera obediencia a Él (vv.2,4,6,8,10,22-26) conforme estableció en Su ley (Deut.28:1-14).

Ahora bien, el Dios de gracia no puede ser burlado (Gál.6:7-8; 1Juan 1:6) y pide de nosotros obediencia como prueba del amor que profesamos hacia Él (Deut.26:16-19; Juan 14:15,23), recordándonos que ésta no ha de proceder de una carga impuesta (1 Juan 5: 3), sino que ha de ser voluntaria (Deut.30:14), y advirtiéndonos de las serias implicaciones de la desobediencia (Deut. 28:15-68)

Que la mala memoria no nos juegue malas pasadas. Tengamos siempre presente Su Palabra.

Vivamos cada día para él en respuesta a Su gran amor:
“Acuérdate de estas cosas, (…) porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; (…) no me olvides. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; (Isaías 44:21-22)

Para orar: ‘Señor, ayúdanos a recordar siempre obedecerte por amor.’

Devocional de Francisco Lobato, miembro de la Misión Evangélica de Cataluña.

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