Guardar un secreto, una actitud sensata

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Un individuo que no guarda secreto no merece la confianza de las personas. Quien tiene la lengua suelta se vuelve una amenaza para su prójimo. El chismoso es un asesino de relaciones interpersonales. Las personas que viven chismoseando la vida ajena buscando informaciones confidenciales para esparcirlas con malicia se vuelven agentes de intrigas y enemistades.

La Biblia dice que el pecado que Dios más odia es el de esparcir contiendas entre los hermanos. El chismoso no solo divulga los secretos de los demás, sino que al divulgarlos con astucia y maldad les destruye la reputación. No es así en la vida del individuo fiel. Él es confiable. Con él podemos abrir el corazón, con la seguridad de que no nos despreciará por causa de nuestras debilidades ni las esparcirá al viento para avergonzarnos.

El fiel de espíritu guarda los secretos en vez de descubrirlos. Protege al prójimo en vez de exponerlo al ridículo. Él es agente de vida, y no un sepulturero. Es ungüento que consuela el alma, y no vinagre en la herida. Es instrumento de Dios que cura, y no un agente de maligno que hiere y mata.

Necesitamos personas así en la familia y en la iglesia, en el gimnasio y en la política, en la industria y en el comercio. Gente que sea instrumento de vida y portadora de esperanza.

Devocional del libro “Gotas de Sabiduría para el Alma” escrito por Hernandes Dias Lopes. Publicado con permiso de Clie.es

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