Cuando Jesús nos encuentra, transforma nuestra vida y hace lo necesario para que nunca dejemos de hablar de Él

devocional-27102015

Demasiadas equivocaciones en nuestra vida. Demasiados errores, a veces uno tras otro hasta casi destruirnos. Prácticamente nadie nos hace caso y hasta nuestros mejores amigos se han ido porque no somos capaces de seguir adelante. Llegamos a pensar que nadie puede perdonarnos porque somos demasiado imperfectos ¡sobre todo cuando nos comparamos con los que nos rodean!

Pero de repente aparece la única persona sin defecto en todo el Universo, y no sólo nos habla, sino que nos ama y nos perdona. Nos restaura y nos abraza para que levantemos nuestro rostro y dejemos de mirar nuestras faltas ¡Nos enseña a mirar al cielo y agradecer! Eso es lo que vivió María Magdalena (Juan 20:11-18) señalada y despreciada por todos, pero transformada y amada por su Creador.

No es extraño que la primera persona que estuviese allí, al pie de la tumba después de que el Señor resucitó, fuese ella. Los discípulos vieron la tumba vacía y se fueron a buscar explicaciones, María se quedó allí esperando algo más. Vio los ángeles que estaban a los lados de la tumba vacía, pero a María no le llegaba con ver ángeles. Ella quería encontrar a su Señor. Ningún ser humano ni angelical puede hacer cesar nuestras lágrimas cuando creemos haber perdido a Jesús.

El Señor se le apareció, no podía ser de otra forma. “Cambió sus planes” para encontrarse con ella. Le preguntó la razón de su llanto y a quién estaba buscando, porque quería que reconociera su voz, le sonreía para regalarle un abrazo absolutamente inesperado.

La que se había sentido restaurada por el Mesías se conformaba con el simple hecho de encontrar su cuerpo ¡Parecía demasiado impresionante creer que Él estaba vivo! Así que casi ni le hizo caso. A veces nos conformamos con un pequeño reflejo de gloria, cuando el Señor quiere regalarnos el resplandor de su presencia.

Se volvió y le vio. Se echó a sus pies, los abrazó, lloró de alegría, quiso que todo su mundo girase alrededor del resucitado porque si su vida tenía sentido al ver su cuerpo muerto ¡que decir de verle otra vez y poder escucharle! El Señor le confiesa que aún quedaban algunas cosas por hacer en su “agenda” espiritual, pero que había querido estar allí, para verla a ella y ¡para que ella fuera a contárselo a todos!

A veces nos parece que nuestra vida no tiene demasiado sentido porque no somos “tan importantes como”, y quizás, los años vividos han sido una auténtica ruina. Hasta que Jesús se encuentra con nosotros. Y es capaz de mover cielos y tierra, literalmente, no sólo para hablarnos y transformar nuestra existencia, sino para que nosotros jamás dejemos de hablar de Él a los demás.

Un encuentro con Jesús resucitado lo revoluciona todo.

Devocional de Jaime Fernández, escritor de libros como Mejora tu Ritmo y colaborador en los nuevos Evangelios de Juan que estamos ofreciendo como material de evangelismo.

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